EL ROCK DE LAS ÚLTIMAS VOLUNTADES

Acéptale como es, no pretendas transportarle a un mundo convencional donde se pida carnet para pasar la frontera que va de la vida a la muerte.

Recuerda que te dejó solamente su equipaje y que partió a la intemperie para proseguir viaje con esos amigos extraños que viven en un garaje.

Ellos salen noche tras noche y vuelven de tarde en tarde con una hembra en el brazo y en la otra el taquillazo de una función benéfica con algunas perspectivas de ser el éxito del año.

Nunca tuvieron prisa por disfrutar de la brisa en aquella boca de Metro esquina Jacometrezo donde se pasa revista a golpe de primera vista a tan singular pandilla sin desplegar la sombrilla.

Quedamos en la buhardilla a compartir manzanilla, silencio, que para dar la lata tenemos ya Casa Patas y no hay demasiadas mantas ahora que son las tantas y, tal vez, un poco después empezará, otra vez, el mundo al revés.

El con su traje de luces y ellas que se hacen cruces, dibuja su sombra en la arena y ellas de alguna manera comparten el desafío de torear sin vestido llegando la sangre al río.

Buen día, Boni, tuviste ayer mañana vaya Ud. a saber; si eres tolerante y dejas la venta ambulante, te mandan al marchante que compra al por mayor y no contabiliza el amor en su libro mayor.

Que los tiempos, Boni, ya son otros y tu sigues con los unos, los acróbatas nocturnos, el heladero diurno, los tramoyistas en pista, las marionetas surfistas, los enanos campechanos, las chicas sin el solista, y tu de creador certero subiendo la cuesta de Enero.

Otros tiempos Boni, entiéndelo que viene el cambio climático y tú sigues en el ático, te dicen que hace frío y tú no dices ni pío, si viene el calor miras por el retrovisor pero aciertas en el color para evitar el dolor de no poder vivir sin esas madrugadas blancas de las noches de verano donde descubrir princesas con medias a la francesa y con trajes de color fresa que ya no están cuando besas.

Las mañanas de color añil, conduciendo por Madrid sin más dirección prevista que la de a la autopista para dibujar senderos que lleguen al mundo entero. Atardeceres rosas para pedir otras cosas, como los campos de miel donde olvidar el regusto que dejó el sabor a hiel. No olvides el color de los árboles en primavera ahora que hay tanto sitio para estar a su vera en medio de la arboleda.

Y si te vas de viaje, en tu última escapada, no te preocupes por la guita que ya está Marita en la tasquita con todo a punto para el conjunto antes de irte baila con ella un pasodoble a ver si con suerte te paga el doble.

Arturo Moreno Garcerán