[…] Está muy claro que la escultura o la pintura de Rosa Amorós se nutren de lo que ella llama “temas esenciales” como la vida, el sexo, la muerte, las pasiones […] Y será la base simbólica en la que Rosa Amorós se apoyará para lograr esa comunicación; a nadie se le escapa el primero y más común de los símbolos subyacentes en sus obras: la madre tierra, lo que da origen a todo, […] Estas son las premisas de quien le gusta expresar sus dudas, a quien le seduce dejarse llevar por una intuición que, por añadidura, emana de su experiencia; de una artista a la que el azar, más que desorientarla, le guía. Una artista que prefiere dialogar y meditar sobre el tema hasta que una vez asimilado, se deja insuflar en la materia que será tratada con mimo y con desdén, con pasión e irreverencia, con ímpetu y mesura […].


Ramón Rodríguez
Fragmentos del texto para el catálogo de la exposición en el Museo Barjola, Gijón
Noviembre 2003