SOMETHING INSIDE (2004-2005)
"Intact objects hush, have no voice,
they only move. Here, instead
the mechanism, the interplay
of parts has failed,
a piece shakes loose,
makes noise.
something inside is jangling."
Valerio Magrelli
Los trabajos que conforman esta serie, (fragmentos de un proyecto más amplio llevado a cabo en diferentes soportes y con diferentes técnicas), son concebidos como una reflexión acerca de uno de los leitmotivs sobre el que la creatividad se ha venido ejercitando desde hace siglos: la naturaleza muerta. Asumo como base de esta reflexión la idea de que las mal llamadas “naturalezas muertas” (en inglés, con más acierto still lives) constituyen espacios habitados por objetos que, lejos de ser inanimados, se proponen desde su aparente silencio, como extraordinarios interlocutores. El diálogo que se establece entre estos seres y el espectador que se detiene en contemplarlos adquiere desde un principio la forma del monólogo y de la lección en cuanto los objetos, a modo de silenciosa monodia, manifiestan su deseo de explicar el por qué de su presencia y la esencia de su ser. Son objetos que, al manifestarse, demuestran constantemente su naturaleza abierta y su innata disponibilidad hacia el entorno en el que se hospedan y con el que interactúan. Este espacio es pues testigo de una búsqueda: la que llevan a cabo estos objetos vocacionalmente indefinidos en su deseo de encontrar una identidad, ansiosos de que su naturaleza inestable, que les aboca a un destino de metamorfosis perenne, acabe en un estado de estabilidad morfológica. Son, por lo tanto, objetos inquietos, receptivos, acogedores y generosos que se mueven por el espacio cerrado del lienzo con talante febril, a modo de microbios bajo la lente del microscopio, persiguiendo concretarse en una forma definitiva. Por esta manifiesta voluntad de trascendencia, a veces intentan emular formas orgánicas (plantas, flores, insectos), otras inorgánicas (edificios, mecanismos, artilugios variados), transformarse en signo, en lenguaje, en escritura o, finalmente, tomar forma humana. Es así pues como el espacio cerrado del folio se convierte en teatro de múltiples metamorfosis en las que los objetos representados a veces se celebran a sí mismos en forma de citas evidentes de otros textos figurativos para, acto seguido, desintegrarse en trazos, manchas, borraduras, concreciones, garabatos. Como ríos subterráneos que afloran y desaparecen sin cesar, se persiguen y reinventan a sí mismos. Otras veces se proponen en forma de enigma, de número, de código aparentemente indescifrable, camuflándose a la mirada del espectador y, a la vez, insinuando su presencia. Estos objetos, en su inquietud, por su curiosidad, buscan para sí un entorno que aspira a ser espacio sintético entre el cálculo racional y la sensibilidad del niño. Allí, al abrigo de colores terciarios que les permiten aún más perpetrar su juego de indefinición, se mantienen como suspendidos, flotantes en un ámbito perceptivo y, por ende, semántico, de perenne ambigüedad. Allí permanecen durante el tiempo que transcurre entre una mirada y otra.
Attilio Manzi