PABLO SOBISCH : NOTICIAS DE LA GEOMETRÍA EFÍMERA
De la división generada a partir de los años 80 entre geometría concreta (Malevich ,Mondrian o Palazuelo) y geometría efímera o lumínica (Rotko, Dan Flavio o James Turrel), mi trabajo descansa de forma conceptual en los limites de la geometría efímera o inmaterial que con un contenido menos cientificista que la primera me lleva a entender la geometría en sus causes más poéticos, filosóficos y psicoanalíticos. Las líneas y el espacio sin horizontes, sin puntos de fuga y abiertos al infinito me llevan a la desmaterialización del objeto artístico, donde los límites de la materia se superan con la luz. La estética de mis obras esta definida por el uso de la luz como experiencia plástica que me permite dictar un lenguaje de impresión y misterio más cercano a la sensación y el sentimiento del objeto o la estructura representada. Aquí juegan un papel trascendental conceptos como “Ilusión” asociada a ver e imaginar, que en la experiencia clásica es el espectador el que genera sintiendo de forma personal la obra ejecutada. El arte como “Ilusión” según el filósofo e historiador Gombrich.
La geometría entonces puede acceder, como decía el artista James Turrel al mundo de los sueños, a la selección utópica de las imágenes en su ordenación y recomposición. A mi entender el desarrollo más significativo en el arte actual ha sido su cambio hacia la no objetividad y su liberación del contenido que durante años había estado vinculado al ideal de la belleza objetiva, el conocimiento intelectual del subjetivo, utópico o conceptual. El filósofo francés Clément Rosset por su parte, propugna toda una teoría de la comprensión de la realidad, basada en la existencia del doble. Lo real y su doble. La realidad doblada se superpone como una fina película sobre la realidad primigenia, anulándola incluso. Toda duplicación-explica en su obra-supone la existencia de un original y de una copia y cabe preguntarse cual de las dos, el acontecimiento real o el otro, es el modelo y cual el doble. Descubrimos entonces que lo real puede ser el otro y que depende del espectador la influencia que ejerza la imagen.
Los cambios sensoriales y de experimentación personal nos llevan a considerar los estímulos visuales como un auténtico discurso creativo que lejano a la antigua ortodoxia de la belleza objetiva, se dirigen a la utopía, la experimentación y la energía como las formas de análisis artístico. Entiendo entonces al arte actual más por los modos que por los temas y más por el espacio que por los límites.
El hombre mide, determina, localiza y ordena casi reverencialmente, sobre todo en el sistema capitalista, desconociendo que cada lugar tiene su forma espacial dada, casi, como un puente hacia el no lugar, infinito, libre, cercano a la intuición más que a la inducción. El paralelismo entre silencio y vacío no es una relación nueva, viene ya de los griegos que decían que el silencio y el vacío cargados de tensión, producen el espacio de encuentro donde se ilumina el milagro del arte, del objeto, cuya presencia nos habla a los sentidos y que son estos los que nos enganchan a la obra.
Se sabe y más en nuestra querida provincia, que la piedra con su impenetrabilidad se niega, desde un principio a ser transformada, a ser un medio entre otros, la piedra tan presente en la cultura mendocina, desde su pasividad, exige todo para si y por esto es una escultura en si misma, por su masa, su peso y su solidez solo basta con sentirla y entenderla en su espacio y contexto para quererla. Mas allá y detrás de los conocimientos hay un lenguaje que nos invita a identificar lo desconocido, y sólo desde la duda puede surgir el asombro, y si el agua le enseñó al hombre a no bloquear la horizontal, ¿la luz nos enseñará a no bloquear la vertical?.
Creo que debo aventurarme en hacer lo que no se hacer. Buscar, visualizar donde no veo, anhelar hasta reconocer lo que no puedo discernir; porque el arte es la necesidad hermosa y difícil que nos conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer y es ésta necesidad la prueba de que el hombre no se considera terminado. Nunca se sabe bastante, de ahí que también en lo conocido se halle lo desconocido y su llamada.
El problema figurativo o no figurativo desde una cierta altura no existe, me considero un artista conceptual que no trata de representar lo conocido y que no cree que se mejoren las cosas añadiendo, sino quitando, hasta dejar sólo los aromas de una idea.
Pablo Sobisch