Del 18 de mayo hasta finales de junio, 2005.
La galería Marita Segovia reúne en sus salas desde el 18 de
junio dos exposiciones de fotografía y pintura, de los artistas Carlos
Pérez Siquier y Manolo Sánchez, hasta finales de junio.
Carlos Pérez Siquier (Almería 1930), fotógrafo de reconocido prestigio, que fuera galardonado en el año 2003 con el Premio Nacional de Fotografía y la Medalla de Oro de Andalucía, inaugura una selecta muestra de su trabajo en esta madrileña galería.
Pionero en la vanguardia fotográfica de nuestro país y trabajador incansable desde 1950, sus obras forman parte de las mejores colecciones publicas y privadas de todo el mundo. Coincidiendo con su exitosa exposición ‘La Mirada’, que alberga estos días la Fundación Telefónica, Pérez Siquier ha seleccionado para la galería Marita Segovia, una excepcional muestra de su trabajo con una temática poco conocida en su trayectoria profesional. Es una serie de fotografías realizadas por el artista en la Real Maestranza de Sevilla durante las temporadas taurinas de 2003 y 2004. Se trata de una oportunidad única para deleitarse, tanto aquellas personas interesadas en la fotografía, como por todos los aficionados a la fiesta nacional, en plenos albores de la Feria de San Isidro.
Manolo Sánchez (Sevilla, 1964) es un pintor vocacional formado en la
Escuela de San Jordi de Barcelona, cuyas obras denotan una dedicación
absoluta al ámbito de la plástica en la que él es maestro.
Es esta una ocasión excepcional para aproximarse a la pintura del sevillano, ya que se trata de la primera vez que Sánchez expone en la capital.
Sus creaciones son serenas y sosegadas, con una palpable
carga atmosférica. Tanto en sus paisajes de las marismas del Coto de
Doñana, como los ‘paisajes’ de interior, los bodegones,
encontramos ambientes transitables donde lo dibujado parece transformarse
en materia tangible. Estamos ante verdaderos panoramas invernales, que guardan
para sí la vitalidad de la primavera. En la obra de Manolo Sánchez
también existen extensiones con ausencia de objetos: son superficies
monocromas repletas de matices tonales, que nos permiten saltar al campo de
la abstracción, siempre apetecible.